Cruzar la frontera en “Carne y Arena”

Carne y Arena - Crédito de la foto - Emmanuel Lubezki

La experiencia de realidad virtual del director de cine mexicano Alejandro González Iñárritu pone al público en los pies del inmigrante.

Todavía me estoy sacudiendo la arena de los pies y mi cabeza sigue dando siete vueltas después de haber vivido la experiencia de realidad virtual “Carne y Arena” en Washington D.C. Con la mayor intención de provocar, identificar y sacudir, el director de cine mexicano Alejandro González Iñárritu pone al espectador en un tiempo y espacio: un cruce de frontera, un “paso” a Estados Unidos.

Carne y Arena

La experiencia se siente intensa desde que llegas al lugar y percibes abandono. Una estructura similar a un rancho sirve de marco para el “encierro” que te da la oportunidad de experimentar “otra cosa”.

Te dan las instrucciones, firmas el relevo de responsabilidad y te pasan a un cuarto frío, gris y medio oscuro que te da la sensación de soledad, ansiedad y un poco de miedo. Parece la sala de espera de un hospital pero más creepy y sin gente. Solo estás tú y solo están sus zapatos.  Las sandalias, tacos, tenis de inmigrantes que una vez trataron de cruzar la frontera. Hay calzado de niños, hombres, mujeres, bebés… todos llenos de arena. La mente empieza a correr y hasta quisiera que los zapatos me contaran sus historias. Las puedo percibir “leyéndolos”. Están llenos de arena.

Ya descalza y con los pies sintiendo el frío de esta sala de espera, sigo las instrucciones: “Una vez suene una alarma, puedes abrir la puerta y das paso a la experiencia”.

Alejandro González Iñárritu

“Me interesaba combinar la parte sensorial con la parte visual. En el cine, nuestra realidad es multidimensional. El cine es un pequeño agujerillo en donde ves una realidad bidimensional pasivamente dentro de un marco donde se te presenta una parte y la otra la construyes. Aquí es una realidad multidimensional que yo creo”, dijo Iñárritu a CNN.

Empieza la “función”. Del frío que sentía en los pies, comienzo a pisar arena. Se siente frío, ventoso y es más oscuro de lo que imaginaba. Estoy en un cuarto enorme, lleno de arena y vacío.

Te esperan dos personas, una con el casco de virtual reality y otra con una especie de mochila que, imagino, te hacía más o menos sentir el peso que llevan los inmigrantes en sus espaldas cuando toman la decisión de cruzar la frontera. Te dan instrucciones protocolares. “Agáchate y realiza cualquier movimiento, pero por tu seguridad y la nuestra, no corras”, me dijo el hombre mirándome a los ojos.

Entonces, de la nada, estoy aquí y estoy allá. Puedo hacer trampa y mover un poco las gafas para ver mis pies y rápido darme cuenta que estoy en dos mundos reales y distintos. Siento como ellos y percibo la preocupación, el estrés y el terror de pasar por una experiencia traumática en minutos. A la misma vez estoy en un cuarto lleno de arena en medio de la ciudad hasta cierto punto… tranquilo.

Exhibición 'Carne y Arena'

La situación es fácil de explicar pero difícil de ver y sentir. Estoy en el cruce de frontera con un grupo de inmigrantes, rostros e historias reales que fueron recreadas por sus protagonistas para esta experiencia. Se acerca la patrulla fronteriza y empieza a cuestionar, indagar y gritar. No hay vuelta atrás a menos que cierres los ojos o desvíes la mirada. Tienes el mismo miedo que ellos tuvieron (y tienen). “¡Arrodíllense!  ¿Quién es el líder, quién los trajo aquí?”, reclamaban los agentes que nos apuntaban con sus armas.

Hay gritos de desesperación de uno de los tuyos. Hay tensión en el ambiente, como decimos. Sientes tus palpitaciones aumentar, pero también las de ellos cuando te pones en su lugar. Literalmente, estás en carne y arena con ellos hasta que te apuntan con el arma y te alumbran con la linterna y tu mundo se va en blanco.

Vuelves a tu realidad, sales de la exhibición, entras a otra sala de espera y recoges y te pones tus zapatos, no sin antes sacudirte la arena. Sacudir la arena, pero no el impacto que todavía estás procesando.

Se suma a la experiencia una “galería” de los “personajes” de esta narrativa digital: los rostros de “Carne y Arena”. Es aquí donde los conoces con su testimonio, pero más profundo para mí, con su mirada… la misma de miles y miles de personas que buscan un mejor porvenir o un sueño que, en muchas ocasiones, se convierte en pesadilla.

 

“Carne y Arena”, pieza ganadora de un Oscar, es un retrato de la inmigración a Estados Unidos que nos invita a ponernos en los pies del otro, sentir sus preocupaciones y repensar la manera en que miramos y reaccionamos. Si estás en D.C., date la vuelta. Es una experiencia que debes “vivir”.

Soy periodista, profesora y estratega digital. La pasión de poner una letra al lado de la otra, que me acompaña desde séptimo grado, me trajo a este espacio en el que comparto experiencias y vivo las de otros virtualmente. Me emociona leer e imaginar distinto.

OPINIONES

Lillian E. Agosto

Soy periodista, profesora y estratega digital. La pasión de poner una letra al lado de la otra, que me acompaña desde séptimo grado, me trajo a este espacio en el que comparto experiencias y vivo las de otros virtualmente. Me emociona leer e imaginar distinto.