Yo quiero bailar un perreo feminista

reggaeton

Foto de portada por Krista Schlueter / Red Bull Content Pool

“No puede haber reggaetón sin mujeres. No puede haber perreo sin feminismo, en mi opinión, y la razón por la que ha sido tan exitoso es porque las mujeres lo apoyan”.

Red Bull lanzó un corto documental donde exploran la relación entre el feminismo, sexualidad y el reggaetón. Entrevistan al ícono reggaetonero Ivy Queen y otras mujeres amantes del perreo que perciben el género y su baile como una práctica política. La discusión que traen estas perreadoras y la carta de Valley Jessiesther a Bad Bunny, crean un contraste interesante para analizar.

Desde las campañas de censura a principios del 2000 hasta la maestra que le escribió la carta al Conejo Malo hace unas semanas, parece que llevamos décadas discutiendo sobre si el reggaetón es machista o no, si las feministas deberían escuchar reggaetón y si el reggaetón impulsa la violencia de género.

Cuando el reggaetón cobró auge a principios del 2000, el gobierno lanzó una campaña de censura bajo el pretexto de que este nuevo género degradaba a la mujer, incitaba la violencia, entre otras cosas. Se censuraban las letras por su contenido explícito, pues se entendía que objetificaba la mujer. Los videos con modelos en bikini moviendo las nalgas causaron escándalo y se demonizaba el baile del perreo. Las que decidían participar de los videos y disfrutaban del perreo eran clasificadas como “cafres”, “yales”, “putas” y por ahí pa’ bajo.

El reggaetón nació en los residenciales puertorriqueños, comunidades racializadas y empobrecidas, y por consiguiente, sus exponentes relatan sus experiencias en esos espacios. Al el reggaetón servir como medio expresivo para estas comunidades, el mismo se usó como excusa para muchos y muchas sacar a pasear su clasismo y racismo. Un género que estaba acaparando los medios internacionales, se convirtió en una estampa de lo “cafre” e “indeseable” de nuestro país. Incluso, se llegó a decir que el reggaetón no formaba parte de la cultura puertorriqueña.

Si bien el reggaetón es problemático y reproduce muchos discursos misóginos, hay que posicionarlo en un contexto más grande. El reggaetón no es el primer género musical en tener letras machistas ni será el último. Podemos hablar de las letras en la salsa; un género amado por todos y todas que igualmente sostenía la misoginia. Ismael Rivera dice en Si Te Cojo (1977):

Si yo llego y mi papá no está

un piñazo en un ojo te voy a dar

tú no ves que yo me paso sudando pa’ ti

ya verás que trompa’ te voy a pegar

Para que tú coquetees por ahí

un piñazo en un ojo te voy a dar

Palo, palo, puño y bofeta’

ya verás que trompa’ te voy a pegar

Ese fragmento es solo uno de los muchísimos ejemplos donde nuestros amados salseros cantaban sobre abusar físicamente de su pareja o cualquier mujer. El problema nunca ha sido el contenido del reggaetón, pues otros géneros lo comparten – y hay problemas más grandes en Puerto Rico que sobre lo que canta Bad Bunny -. El problema es con las personas quienes producen y disfrutan del reggaetón.

¿Cómo entra en todo esto la carta de Jessiesther a Bad Bunny? Es otro ejemplo más donde se espera que el género urbano cargue la batuta de la sociedad. Se le culpa de todos los males del país sin mirar el bigger picture. En resumidas cuentas, la maestra critica al Conejo por su letra explícita y le deja saber que no le gusta que “denigre” a la mujer. Sin embargo, el debate sobre la “objetificación” de la mujer va más allá. ¿En dónde queda la agencia de ella?

El estereotipo más grande es decir que (el reggaetón) margina a la mujer. Que degrada a la mujer. El problema realmente es demonizar la sexualidad de la mujer. No es lo que ella “hace” con su cuerpo. Es cómo las personas lo perciben. – Yaya Mala

Muchas han reclamado que se debe reconocer la agencia de la mujer en el debate sobre el reggaetón. ¿Qué ocurre si a las mujeres les gusta perrear? ¿Dónde queda la libertad sexual? Incluso, se refuta que el reggaetón (y el trap) son sex positive pues reconocen que las mujeres quieren sexo y les permite gritar a los vientos: Me gusta, dale. ¡Bien duro!

Pero, claro, no vamos a conformarnos con que como otros géneros son machistas, el reggaetón también puede serlo. Siempre hay espacio para mejorar. Aquí es donde entra la grandiosa Ivy Queen a romper con las normas del género y producir música con que la mujer perreadora se puede identificar. Su éxito Quiero Bailar (2003) representa perfectamente el sentir de la perreadora que quiere irse hasta bajo pero que respeten el consentimiento.

Yo quiero bailar

Tú quieres sudar

Y pegarte a mí

El cuerpo rozar

Yo te digo si tú me puedes provocar

Eso no quiere decir que pa’ la cama voy

Con el pasar de los años la canción se ha convertido en un himno para todas las mujeres que aman perrear y ser libres a expresar su sexualidad sin que le quiten el carnet de feminista. La Caballota comenta: «Mi contenido ha sido uno con que las mujeres se pueden identificar. Cuando iba a la discoteca veía que a todas las pretty girls los hombres las agarraban y querían llevárselas a bailar pero era un contacto como que “ey, vamo’ a bailar”. No había una elegancia. Y todas las muchachas como que “ay, este tipo.” De ahí nació Quiero Bailar».

Mujeres como La Sista e Ivy Queen tomaron un espacio masculino y le convirtieron suyo. Lograron crear perreo merecedor de darle hasta bajo pero siendo únicamente femenino y propio. Ambas son evidencia de que el perreo y el feminismo pueden coexistir pero, más que eso, se puede hablar de perreo feminista. Si no era por La Sista e Ivy Queen, no creo que hubiese visto música de una manera con la que me puedo identificar. – Chikki (@ojos_nebulosos)

¿Qué canción te hace sentir bien perra pa’ darle pa’l piso y mandar pa’ la porra a los macharranes?

Perreo to me is a way to express my sexuality through movement. I get to choose who I dance with. I get to choose who I grind up on. I have control over the situation.

 

Mulata aficionada a la música urbana y la fotografía que se desenvuelve en la escritura. Explora la cultura popular desde las intersecciones de raza y género, utilizando su subjetividad como hilo conductor. Compuesta de burundanga y contradicciones.

OPINIONES

Natalia Merced

Mulata aficionada a la música urbana y la fotografía que se desenvuelve en la escritura. Explora la cultura popular desde las intersecciones de raza y género, utilizando su subjetividad como hilo conductor. Compuesta de burundanga y contradicciones.