Slasher films, realismo mágico y femme fatales: Una conversación con Mariana Monclova

La falta de electricidad y de recursos a raíz de María no llegaron a ser obstáculos para que la actriz puertorriqueña, Mariana Monclova, participase de la serie “El ganador”, esa que cuenta los primeros años del artista urbano, Nicky Jam. Conversamos con ella sobre su participación en la serie y abordamos reflexiones sobre lo que es ser actriz, dedicarse a la profesión y defender la participación femenina en una industria donde predomina el trabajo y la participación masculina.

¿Desde cuándo decidiste dedicarte a la actuación? Tomando en cuenta que en tu familia hay actores de renombre.

Ser actriz siempre fue mi normal, precisamente por eso (la existencia de actores en la familia) siempre fue divertido. En esos momentos primitivos de los primeros recuerdos, en donde las cosas que no son divertidas las descartas y las cosas que sí lo son las conservas, entonces reconozco mi primer llamado. Tenía una casa de Barbies y había una cámara 35 milímetros también tamaño Barbie. Mi papá (Eugenio Monclova) y yo hacíamos películas de terror. Una de las Barbies era la directora, las otras eran el elenco. Eran como slasher films. Hacíamos películas de horror viejo. Y la verdad para mí lo divertido, no eran tanto las películas, era más la dinámica: había un director, actores; había un director de fotografía. El juego era el mundo del cine. También hacíamos teatros de títeres. Duendes, brujas, títeres de la mitología nórdica que todavía conservo. Así que el primer acercamiento fue a través del disfrute, del placer de la creación, de la magia. Después me enteré que se estudiaba y con tal de poder seguir haciéndolo, pues lo estudié. Pero antes de esa decisión consciente vino darme cuenta que usar la imaginación para crear era lo mejor del mundo. Y todavía lo es.

Con la experiencia que tienes en la actuación y mirando tu trayectoria, hoy día, ¿qué buscas en un guión?

A mí encantaría poder elegir mejor sobre los guiones, porque, claro, lo económico es un factor, pero siempre pienso que puedo hacer lo mejor. Quiero darles lo que ellos (los directores) piensan que es imposible, lo que no se habían imaginado que querían. Guiones que me reten, que cuando los lea me provoquen cosquilleo; que me coja con una sonrisa de niña traviesa pensando en las maldades que puedo hacer creando ese personaje, y guiones que me requieran, que me obliguen a ser ambiciosa creativamente para que queden bien. Siempre quiero encontrar a mujeres de carne y hueso. Cuando tengo poder decisional, mujeres interesantes, mujeres de verdad, mujeres que no sean un símbolo. Si van a ser fuertes o a sufrir, si van a ser mártires o femme fatales es porque esa es su personalidad, su realidad, lo que las mueve, y no porque alguien imaginó que esas son las cualidades que hacen que una mujer sea interesante. Busco mujeres con contradicciones, con chispa de vida y oscuridades en la misma medida, mujeres que me desvele crearlas.

El Huracán Marías fue caótico para todo y todos, ¿cómo ocurre la audición para “El ganador”?

En ese momento, antes de la audición, estaba viviendo en la guardarraya entre Trujillo Alto y Gurabo. No tenía luz. Estaba trepando paredes porque soy freelancer y claro, el trabajo se había interrumpido a raíz del huracán. Era un momento en el que estaba oscureciendo a las seis de la tarde. ¡Imagínate! Desde las seis de la tarde sin nada qué hacer. Fue difícil. Los primeros meses pensé: “Qué bonito. Escribo a la luz de una vela, o varias”. Súper romántico. Pero a fines de noviembre ya estaba al borde la locura. Entonces me llega la convocatoria de casting que leía “Mujer dominicana. 30 años”. Normalmente, uno está acostumbrado a que, cuando se habla de una mujer latina, sea una mujer voluptuosa, tipo Sofía Vergara, y con ondas en el pelo porque hasta ahora ese ha sido el estereotipo que se tiene de los latinos en la industria. Una mujer que no soy yo. Pensé que no era algo a lo que debía aspirar, y me olvidé del asunto. Y es bien loco porque cuando piden personajes de latina, uno siendo latina dice “nah, no me veo lo suficientemente latina”. Uno se cierra puertas, se rinde, se acostumbra a no aspirar a cosas que sabes que puedes hacer, porque estás pensando en la visión de los que toman las decisiones, y no en tus capacidades. Y eso está mal. A los pocos días me llamó un número desconocido que resultó ser Arí Maniel Cruz, el show runner de la serie, y me dice: “Estoy tratando de enseñarle tu audición a la gente acá en México. ¿Por qué no me la has enviado?”. Le dije: “¿De qué audición me estás hablando?” Porque yo literalmente había descartado esa posibilidad. La envié y el resto es historia.

Con tu energía, tu talento y pensando en planes futuros. ¿Te ves detrás de las cámaras?

Definitivamente. Siempre me ha gustado dirigir. Las veces que he tenido la oportunidad de hacerlo, ha sido una inyección de adrenalina. He dirigido cortometrajes y obras, y le tengo mucho respeto. Es un lenguaje distinto a la actuación, una perspectiva diferente, porque ya no eres uno de los entes que cuenta la historia, eres el responsable de contarla y eso como ente creativo me llena. Me encanta el proceso. Además de que dirigir es a la vez muy ambicioso y a la vez muy humilde. Es un proceso creativo en colectivo, y esa dualidad me parece fascinante. Escribí una vez, por cosas de la vida no era el momento, una mini serie de seis capítulos que tiene por título “Las heridas del invierno”,(Les blesures d’hiver) y era un coming of age de un grupo de amigos, desde el otoño del 67’ hasta mayo del 68’ en París. Era una historia bien linda, en donde ellos crecían de niños a adultos, culminando con las revueltas sociales que hubo en Francia. No se dio, pero sí, los planes eran dirigirla. Está por ahí cogiendo polvo. A lo mejor este es el momento. Creo que es una historia que merece la pena contarse.

(El Chata)

Después de esta experiencia tan determinante e importante, ¿crees que es buen momento para seguir con proyectos ambiciosos?

Creo que nadie me había hecho esa pregunta. Yo creo que sí. Ahora mismo estoy co-escribiendo un stand-up, y una obra; escribiendo un libro para niños, haciendo locuciones, preparándome para dar talleres de actuación para adultos y en pre-producción de la segunda temporada de “Tertulia en la Ciudad”, un programa de entrevistas sobre cultura que el año pasado se ganó un Emmy. ¡A ver si este año nos ganamos otro! También audicionando mucho, porque me gustaría entrar al mercado estadounidense y trabajar en la República Dominicana. Los dominicanos me han cogido mucho cariño con el personaje de la madre de Nicky y estoy loca por trabajar allá. Ah, y criando un hijo. Es cuestión de no parar. Estoy en el momento perfecto entre la madurez y la maternidad para no limitarme, para sacarme los complejos y callarme esa voz interna que me dice “solo eres actriz”. Tengo la responsabilidad de enseñarle a mi hijo que uno es capaz de hacer lo que uno quiere, que hay que seguir cada una de las pasiones que uno tenga y para enseñárselo tengo que usarme de ejemplo. Además de actriz, también soy escritora y es el momento de asumirlo. De cambiar el discurso; dejar de decir “sí, viste, me gusta escribir, he hecho mis cositas” y plantarme y decir “SOY ESCRITORA”. Luego del huracán me dediqué a escribir y estaba revisando cosas. Quiero publicar el libro que escribí de memorias e impresiones sobre mí y los puertorriqueños con el huracán como “pie forzado”. Quiero escribir libros para niños, componer canciones, publicar la novela para adolescentes que escribí hace varios años. No lo había hecho antes porque pensar en grande me daba vergüenza, pero ya no. Y dirigir, definitivamente dirigir.

De aquí a 10 años, ¿dónde ubicas a Mariana Monclova?

Viajando para actuar con mi hijo y mi esposo. Escribiendo. Creando mis propios proyectos. Pudiendo elegir mis personajes. Teniendo poder decisional sobre todo lo que hago. Teniendo la libertad, no solo de decir “no, esto no”; no sólo de escoger qué personajes hacer, sino cómo los haré, con quién los haré y con qué fin los haré; que todo en lo que me involucre sea porque realmente me llama, porque tengo algo que decir. Y usando las redes para poder hablar de issues que a me parecen importantes. Involucrarme a través del arte, en el mundo y ser agente de cambio. Y trabajando en contenido para niños.

(Vimeo)

Pensando en “mujeres de carne y hueso” frente y detrás de las cámaras, ¿crees que el rol o la participación de la mujer en la industria del cine tendrá más protagonismo?

No hay de otra. Ya no hay opción. Ya es hora. Ya era hora. Hay muchas mujeres escribiendo, dirigiendo, haciendo de todo. Cámaras, guiones, producción, hay muchas, y es lo que hace falta. Siempre habían estado, pero atrás, como un susurro, como un relleno para otra cosa, para la idea de otro, no en el centro de la acción. Y en el mundo de la actuación muchas veces las mujeres trabajamos personajes que son pensados por hombres, y reflexionamos: “Yo no pienso así”, “yo no diría esto de esta forma”. Los personajes escritos por hombres los procesamos diferentes a como ellos imaginan que serán, nunca son del todo mujeres reales. Y quiero ser parte de este movimiento que dice “Espera, no somos ideas, tenemos ideas. No somos UN sentimiento, tenemos sentimientos. No somos la piedra sobre la que se apoya la historia de otro, somos personas”. Esa visión está cambiando y va a terminar creando un nuevo mundo de historias mucho más rico”.

Debe ser hasta divertido ser hija de Eugenio Monclova, ¿algún consejo que te haya dado tu papá sobre esta profesión?

Paciencia, y no tomarme las cosas muy a lo personal. Todavía estoy trabajando ambas.

Algún consejo que le darías a la gente que comienza en la actuación, o a quien comienza a escribir.

Creo que es bien importante no crear un personaje de uno mismo. Uno pierde tanto tiempo haciéndolo que después tu ente creativo, tu motor, tu instrumento, tu gasolina, lo tienes corriendo a 30%. Sí, sea de escribir, de dirigir, de actuar, estás tan pendiente siempre de proyectar este personaje que decidiste ser que luego cuando te toca ser tú, tu yo real, en ese momento de vulnerabilidad extrema que es el momento decisivo e imprescindible de la creación, pues qué te queda. Nada, porque perdiste toda tu energía, agotaste todos tus recursos tratando de complacer. Te pierdes en la construcción.

Los artistas tenemos personas a quienes admiramos y que ciertamente tiene mucho que ver en nuestro trabajo, aunque no lo sepan directamente. ¿Cuáles son tus influencias más poderosas como actriz?

Mi familia. Mi bisabuelo era poeta y cumplió cárcel por la Ley de la Mordaza, por pronunciar discursos a favor de la independencia de Puerto Rico. Escribía. Dicen que la Virgen lo elevaba y aparecían sus poemas en el techo de la Cárcel de la Princesa. Los borraban y volvían a aparecer. Realismo mágico. Y cuando en La Princesa todavía estaban las celdas que podías visitar, y en las literas, la cama de arriba, aún si te parabas sobre ellas no llegabas hasta el techo, de alguna forma aparecían allí (en el techo) sus poemas. Y allí lo torturaron y se volvió loco. A mi abuela y a mi tía abuela las hacían entrar por la puerta de los sirvientes porque eran las hijas del nacionalista; las maltrataban psicológicamente en la escuela. Mi familia sufrió que se le castigara por creer en algo, se le desgarró para siempre. Así que cada cosa que yo hago, en cierta medida, es un poco de reivindicación para ellos, un poco de decir “todo por lo que ellos pasaron, su tristeza, su lucha, fue para que yo existiera”. Eso es un enorme privilegio que me para los pelos.

¡Cuéntanos sobre “El ganador”! Habemos muchos interesados en lo que tienes que decir sobre esta experiencia.

Fue una experiencia increíble, pero súper loca. Mi personaje es Isabel Caminero, la mamá de Nicky Jam. Es un personaje fascinante, de los mejores que me ha tocado hacer en mi carrera. Vulnerable, contradictorio, con muchas oscuridades que demuestra con una pasión desmedida por la vida. Y ya de por sí, hacer personajes que existieron, y más si es gente que está viva, siempre es de las mejores experiencias que se pueden tener como actor. Esto también es enormemente ansiogénico, porque no puedes inventarte el personaje. Existe una base, y es delicado crear ese balance entre los datos y lo que tú quieres darle en términos interpretativos. Y en mi caso, no sólo era eso, sino que es la persona que más marcó la historia del protagonista, así que tenía una responsabilidad bien grande. Ella era una madre irresponsable y drogadicta, y yo lo filmé estando preñá. Tuve que simular hasta fumar una pipa de crack. Tenía dos meses de embarazo y nadie lo sabía. Yo pensaba: “Si se enteran, me botan”. Tenía todas las emociones del mundo. En todas las escenas me encontraba bebiendo o fumando, aunque todo era simulado, la temática es bastante fuerte. Mi personaje en la serie es muy fuerte. Pasé momentos surreales. De pipa de crack en el set a temblor mientras me estaba bañando en el hotel. ¡Tembló la tierra! Pensé que me iba a morir. Y yo preñá. Una locura.

(Último día de filmación de El Ganador / Instagram)

Cuando te mencionaron el tipo de personaje que tenías que encarnar, ¿qué pensaste?

Pues a mí me cayó la macacoa cuando ya estábamos en plena filmación. Leí el guion, pero no internalicé la magnitud del caso hasta que Jesse Terrero, el director, gritó “¡Acción!”, por primera vez. Estaba embarazada, no quería que se me notara, y también estaba la emoción de ir a otro país a filmar. La emoción del viaje, la cosa de que no se me notara la barriga, el fitting, además de que estaba como en una nube, ajena a todo porque sabía que me había ganado el personaje a pleno pulmón y la felicidad de ver una puerta abierta, un sueño cumplido opacaba todo lo demás. No había hecho acuse de recibo de lo que iba a pasar. Es más, estábamos cenando Modesto Lacén, Alexon Duprey e Iván Camilo, el día antes de empezar a filmar allá en México, y caímos en cuenta de que al día siguiente empezábamos a trabajar en una serie de Netflix. No habíamos registrado. Era una súper experiencia.

Desde la audición accidentada y hasta loca, ¿cuál ha sido el reto más poderoso que ha tenido con esta experiencia?

No juzgar al personaje. Soy maestra y no juzgar es de las primeras cosas que enseño cuando toca hacer un papel incómodo. Lo enseño porque lo entiendo. Pero a la hora de la verdad se me hace difícil por más abierta que sea. Este es de los personajes que todo actor sueña con hacer. Y yo, gracias a Dios tuve la dicha de hacerlo. Pero de pronto estás trabajando a una madre que mete mano frente a su hijo, que se droga, que se drogó estando embarazada, que dejaba sin comer a los niños, que los abandonó. Y muchas otras cosas que supe para poder construir el personaje. Una mujer que tenía muchos problemas. Es difícil no juzgar. Meterse en la piel de esa persona plenamente para contar su historia, su verdad fue difícil. También hay que empatizar con el personaje y con los personajes que construyen la historia. El abandono de esta mujer marcó de por vida al protagonista, a Nicky Jam. A pesar de todo tienes que entender y trabajar desde la humanidad. Porque la humanidad nos salva como personas, nos permite perdonar, entender, tener compasión, y en el caso de la actuación nos da como intérpretes el respiro necesario de cualquier tipo de freno moral, de crianza u opinión que tengamos para poder crear. Y a fin de cuentas tienes que dejar de pensar tanto y tomar una decisión. Puedes decidir hacer algo acartonado o puedes mentalizarte: “Soy yo quien está haciendo el papel de esta mujer, la que lo marcó, la que influyó, tengo una responsabilidad actoral bien grande”. Tengo que plasmar los fallos de este ser humano, sus peos mentales, sus egoísmos, por los que a menor o mayor escala, hemos pasado todos. En lugar de alejarme diciendo, “yo nunca haría esto”, y crear una barrera entre el personaje y yo, acercarme diciendo “¿en qué nos parecemos?”, y partir de ahí. Y el acento de dominicana. Gracias a Dios la acogida del personaje entre los hermanos dominicanos ha sido muy buena. A cada rato me preguntan si de verdad soy dominicana. Para mí como actriz es un honor que lo crean, significa que mi trabajo valió la pena.

¿Qué sientes de esta experiencia ahora mismo?

Evidentemente hay un antes y después de este personaje. Primero porque llega en un momento en que estoy precisamente donde quiero estar. Ya no hago las cosas pensando en la aprobación de nadie. Estoy segura de mí, de quién soy y de que sólo tengo que responderme a mí misma. En donde mi única responsabilidad es ser fiel a mi esencia para poder enseñarle eso a mi hijo. Y en segundo lugar porque la acogida del público ha sido una demencia. Todavía no lo puedo creer. Cuando me dicen: “Lloré”, “me lo disfruté”, “me encantó”, significa que la gente está respondiendo. No pasa un día en que alguien no me escriba a decirme que les gustó. Y para mí es sobrecogedor. La mitad del tiempo no sé qué contestar porque no me imaginaba que iba a pasar algo así. A primeras luces ella, mi personaje, es la mala de la historia así que uno esperaría rechazo del público. Y de momento, ocurre este fenómeno en donde la gente me dice que se identificó con el personaje. No necesariamente con su conducta, pero sí creo que la gente, a través de mi interpretación, puede llegar a la conclusión de que esa mujer estaba bien triste y que por eso hacía lo que hacía. Yo también he estado así de triste, el público también lo ha estado. Y así pasa con su culpa, con su egoísmo, con su miedo, con todas esas emociones viscerales y sin aguar que ella tiene. La gente ve sus demonios reflejados en ella, se libera, se conmueve y esa humanidad nos conecta y ha sido una de los aspectos más lindos de toda esta experiencia. Espero que esto me abra puertas, que pueda colaborar con gente que quiera contar historias que conmuevan. Ese siempre ha sido mi norte desde que empecé a actuar con seis años y cuando todavía no sabía que existía una palabra para lo que quería hacer. Ahora sé cuál es: conmover, y voy a seguir haciéndolo.

Lorraine Rodríguez estudió Literatura Comparada, Historia, Estudios Hispánicos e Ilustración, en Puerto Rico y en España. Trabaja en Publicidad, es ilustradora, toca guitarra en una banda, tiene un programa de radio y escribe de vez en cuando.

OPINIONES

Lorraine Rodríguez

Lorraine Rodríguez estudió Literatura Comparada, Historia, Estudios Hispánicos e Ilustración, en Puerto Rico y en España. Trabaja en Publicidad, es ilustradora, toca guitarra en una banda, tiene un programa de radio y escribe de vez en cuando.