En conversación con Esther Vivas sobre el lanzamiento de su libro “Mamá desobediente” en Puerto Rico

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El mundo depende de las madres como apunta Esther Vivas, periodista, y autora del libro “Mamá Desobediente: una mirada feminista a la maternidad”, que recientemente fue publicado en Puerto Rico. Para Vivas escribir sobre las experiencias que transita en su vida siempre fue una necesidad, y la maternidad no fue la excepción. Al enterarse de su embarazo comenzó a buscar información sobre el tema y encontró que hay muchas cosas que no te dicen sobre ser madre. Sin pensarlo dos veces, decidió romper los tabúes que rodean la maternidad escribiendo desde una perspectiva feminsita. 

El texto de Vivas ofrece una mirada interseccional a la experiencia materna para responder a la urgencia de reivindicar un rol cuya definición fue asignada hace siglos, y no responde a las necesidades de quienes lo viven. A través de su relato, Esther visibiliza la diversidad de vivencias que existen dentro de la maternidad. 

La lectura hace hincapié en reimaginar la maternidad, ya que las prácticas de violencia de género están normalizadas socialmente. Para dar a ver su punto, Vivas plantea que el patriarcado ha secuestrado la maternidad. Por ejemplo, las mujeres esclavizadas eran obligadas a ser “amas de cría” cuyos cuerpos eran utilizados como mano de obra para alimentar a los bebés de las mujeres de clase alta. Desde una perspectiva histórica, el colonialismo y el patriarcado se entrelazan en el robo de la experiencia materna. 


 “Mamá Desobediente” también reúne historias de diversas personas gestantes y sus experiencias con la maternidad para rescatar la diversidad en la experiencia materna. Cuando se habla de maternidad muy pocas veces se menciona a las madres que padecen infertilidad, no se habla de sus vivencias o luchas. A su vez, Vivas visibiliza tabúes como la violencia obstétrica la cual se define como un conjunto de prácticas llevadas a cabo por los profesionales de la salud en atención al parto, pero también en el embarazo y post-parto.

Las cifras en Puerto Rico son escalofriantes: 1 de cada 2 nacimientos son por cesárea. Es una cifra mucho más alta de lo que recomiendan todas las instancias de salud. Es importante visibilizar la violencia obstétrica porque muchas mujeres la sufren

La violencia obstétrica es una violencia de género profundamente normalizada y causa daños físicos y emocionales en la mujer. Se manifiesta de diferentes formas, incluyendo: si el personal médico te obliga a dar a luz sola, si te faltan el respeto, si no te informan adecuadamente sobre el procedimiento que te van a hacer, o si te realizan una cesárea innecesaria.

Actualmente, Puerto Rico está entre los seis países con la tasa más alta de infertilidad femenina. Además, según el Departamento de Salud, 55% de las cesáreas realizadas no tienen ninguna justificación médica y 77% de las mujeres sometidas a esa cirugía nunca presentaron factores de riesgo en sus embarazos.

Esto no es sorpresa ya que históricamente en Puerto Rico la salud reproductiva de las mujeres y los cuerpos gestantes han sido sujetos de experimentos coloniales, legislaciones regresivas y violencias de género. Desde 1937, los cuerpos de las mujeres, en Puerto Rico, cargan las consecuencias de la Ley 136 que legalizó los procesos de esterilización para responder al “exceso de población”. 

Según Esther Vivas, la sociedad machista y capitalista supone que las madres tienen que ser abnegadas y sacrificadas toda la vida. Al mismo tiempo, esperan que las madres sean la <superwoman> que llega a todo con un cuerpo y una apariencia perfecta, siempre disponible para el empleo de madre, y por supuesto, para el ‘rol’ de mujer. 

Sin embargo, en Puerto Rico el 70% de las familias de madres solteras, viven por debajo del nivel de pobreza, y el ingreso anual promedio para las jefas de familia es de $11,400.00 anuales según establecido por la Oficina de Manejo y Presupuesto de Estados Unidos y reportado por el Instituto de Desarrollo de la Juventud.


Por eso, Esther plantea que tenemos que desobedecer al mandato patriarcal de la buena madre, porque este ideal de maternidad es tóxico:

“genera mucha culpa en las madres porque nunca llegamos a ser esa mamá ideal, y no es deseable que lo lleguemos a ser porque esa “madre” es una mujer que se supone no tiene vida propia, no tiene otros intereses más allá de la crianza. De aquí que sea tan importante desobedecer a este mandato y por el contrario reivindicar la maternidad real, con todas sus luces y en particular todas sus sombras, silencios y contradicciones Y siempre con una mirada interseccional a la experiencia materna, en la que se entrecruzan opresiones de género, raza, y clase .

 Dicho todo esto, es necesario imaginar otras posibilidades de maternidad que respondan a necesidades más amplias. De esta manera, podemos reducir el estigma sobre la infertilidad, la adopción, el derecho a un parto respetado, el derecho a una maternidad deseada, y todos los grises que componen la experiencia materna. 

El pasado 7 de septiembre La Suprema Corte de México declaró incostitucional la penalización del aborto. Mundialmente, millones de madres y personas gestantes están logrando avances en la lucha por el derecho a una vida digna. Ahora más que nunca, sobran razones para adoptar nuevas maneras de relacionarnos con la maternidad desde la colectividad. Como dice Esther, “estamos hablando de cuidar el bienestar físico y mental de niñes que van a ser los adultos del día de mañana, y esto nos debería de implicar a todes.” El libro “Mamá Desobediente” es una valiosa aportación al entendimiento positivo sobre la maternidad y se encuentra disponible en Ediciones Flamboyán. Si no es el feminismo quien rescata a las madres, ¿entonces quién lo hará?

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