Alex Ferreira lanza su nuevo álbum ‘Tanda’

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Tres años después de su exitoso ‘Canapé’, el dominicano situado en México, Alex Ferreira, regresa a la escena con una nueva tanda de música.

El último disco de Alex Ferreira es más que una nueva tanda musical. Es también una declaración que imparte desde su principio. “Vinieron a decir cualquier cosa y no se qué”, comienza en ‘Como Viene Se Va’, “en una vida donde todos somos turistas.”

La canción, como el resto de sus hermanas en ‘Tanda’, propone un arreglo pop folclórico à la ‘Bailar en la cueva’ de Jorge Drexler. Mitad histórico, mitad moderno. Y que aún con su delicadeza nos remonta a reflexiones profundas sobre nuestra existencia, las conexiones que persisten, y las burbujas en las que nos escondemos. 

Así le siguen canciones como ‘Paripé’ y ‘Majo Ajo’, que con cierta intimidad nos (re)introducen a Ferreira como el escritor de su propia historia — y los dos mundos de los que emerge. Ferreira el español, Ferreira el dominicano. Pero, sobre todo, logran sintetizarse, dejando al descubierto a Ferreira el músico. Y con ello, lo que parece ser la segunda parte del disco. 

De momento, del álbum se desborda una antología de cuentos con un ligero sabor al Caribe. Una tras la otra, ‘Para Impresionarte’ y ‘Lo Tuyo No Tiene Madre’ relatan los acercamientos de Ferreira con el amor y la desilusión, resueltas en melodías lo suficientemente románticas como para no saber si debemos sonreír o llorar con ellas. 

Mientras, canciones como ‘Playa Madama’ y ‘Una Fecha En El Calendario’ nos ponen a viajar, trazando líneas entre las playas de Las Galeras y las calles de Ciudad de México. De igual forma, nos recuerdan que la fragilidad de la vida — eso de tener y luego perder— es algo universal; una misma canción que todos escuchamos en distintas horas del día. 

Llegamos a ‘Última Tanda’, su segundo interludio que, en efecto, le cede el paso a las últimas canciones del disco. ‘Iba Yo Pasando’ y ‘No Se Rompe’ se asoman como odas a las diferentes incertidumbres de la vida. Que a veces consisten en conocer a alguien de la nada o en un corazón hecho pedazos. Y es de esta misma finitud la que nos termina hablando Ferreira en ‘La Vida Es Un Chin’, a su vez recordándonos que las cosas “como vienen, se van”.

Lo demás es como su epílogo: ‘Colorante Puro’.

Fotos: Hilda Pellerano

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