Andrea Cruz no le tiene miedo a ‘El Sentir’

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La cantautora puertorriqueña se abre sobre su trayectoria como artista independiente.

Fotos por cortesía de la artista.

Si de algo peca Andrea Cruz, es de una irrevocable conciencia de sí misma. “Como artista independiente,” nos dice, “siento que llevo mucho tiempo luchando contra la corriente.” Pero la cantautora se sonríe, parlando cada palabra con una puntuación contundente.

Andrea cautivó la atención de sus oyentes en 2017 con el lanzamiento de su primer disco, Tejido de Laurel. Tres años después, su mensaje es aún más claro: “Si me queda letra, me queda todo. Esa es mi fortaleza”.

Para nuestra artista, la música es un modo de sanación que dispone sobre la gente. Como un manto que nos acobija cuando no queda más nada por decir. En cambio, para Andrea, no solo sobran las palabras. También sobra el sentir.

Ahora, con el lanzamiento de su segundo disco, Sentir no es del tiempo, se abre un portal a su corazón, tomando la forma de concierto y documental. Nos sentamos con la artista para hablar sobre su más reciente proyecto, sus deseos como artista y lo que se arrima para el futuro.

¿Cómo te has sentido durante la cuarentena y las elecciones?

No me gusta romantizar la crisis. Pueden salir muchas cosas buenas de ellas. Sin embargo, es un proceso bien duro. Y que le da más duro a nuestra salud emocional. Que si no sentamos esas bases de antemano, puede ser algo que nos lleve a unos espacios muy oscuros.

Respecto a las elecciones, creo que hay un cansancio colectivo de lo mismo y de pensar que el proceso podría ser algo más limpio y pulcro. Pero ahora vemos que ha sido algo completamente atropellado.

Mi camino ha sido guiado por matriarcas.

¿Cuándo comenzaste a crear música?

Mi camino ha sido guiado por matriarcas. De pequeña, mi mamá me expuso a lo que es la música de diferentes maneras, comenzando con el coro de campana. Mi maestra, Melissa Rivera, era cantautora. Y le decía a mami: “Andrea tiene algo”.

Así que me pusieron en clases de piano, de cuatro, de mandolina — y no daba pie con bola en nada. Sin embargo, cuando me pusieron la guitarra en las manos, algo se encendió.

¿Cómo iniciaste este arreglo que por hoy conocemos como Andrea Cruz?

Todo se ha ido engranando con el tiempo. En la escuela superior conozco a Rafa Rivera, quien actualmente es el productor y arreglista del proyecto. Para ese tiempo, también iba a organizaciones religiosas, donde conocí a Anthony Granados, mi actual guitarrista y tecladista.

Primero nos presentamos bajo el nombre de Amapola, tocando en Festival de Claridad, en Kantares (Isla Verde) y en Mi Pequeño Viejo San (Lares). Comencé a notar que cuando metía algunas canciones originales en el set de covers, la gente respondía.

Cuando llegó el momento de grabar Tejido de Laurel, formalmente reconocimos el proyecto como Andrea Cruz. Al final y al cabo, yo era la que escribía, la que cantaba y la que formalizaba el concepto visual. Y así pasó.

¿Quiénes crees que han sido les artistas que te inspiran a cantar?

Siempre tengo dos precursores. Leslie Feist, quien era una guitarrista punk hasta que se le lastimaron las cuerdas vocales. De ahí en adelante, canta un tipo de música muy sutil — su voz es muy falsete. Me inspira mucho en mi forma de cantar.

También está José González, quien tiene mucho de Silvio Rodríguez y la nueva trova. Pero lo que en realidad me inspira es la paciencia en el transcurso de sus canciones. El hecho de que nunca se sabe cuando comenzará el coro. Puede ser en el minuto 3, pero tú lo esperas. Tú esperas ese mensaje.

Tu primer álbum, Tejido de Laurel, salió dos días después del huracán María. Háblanos sobre lo que se sintió lanzar un proyecto como ese en un momento tan vulnerable para todes.

La realidad es que no calendarizo tan bien. No consideré que llegaría un huracán que iba a devastarnos, y ya era tarde para detener el proceso. Pero también era importante para mí terminar el proyecto, bien o mal.

Si mal no recuerdo, estuviste viajando a distintas comunidades de la Isla para cantar en vivo luego del huracán. ¿Cómo sientes que la música contribuyó a la sanación de Puerto Rico?

Las primeras semanas después del huracán fueron devastadoras. Lloré muchísimo. Sin embargo, nos llegó la hermosa oportunidad de no solo llevar suministros, sino de llevar música.

En fin, se trató sobre disponer la música a la comunidad. Porque, sí, necesitábamos alimentos físicos, pero también hacía falta algo espiritual. Y la música sabemos que tiene esa magia. Fue bien impactante porque la gente se derrumbaba a llorar, diciéndonos qué mucho le hacía falta esto. Y creo que eso fue la validez de que el disco tenía que salir.

Cuéntanos sobre cómo tu carrera se movió luego de ese primer disco. ¿Qué oportunidades trajo consigo?

Se abrieron las puertas poco a poco, pero pasó. Como respuesta inmediata, comenzamos a hacer conciertos íntimos en casa, sin luz y sin nada, y fue bien hermoso. Luego de eso, solicité al South by Southwest (SXSW) en Texas, en el cual logré participar. Ahí comenzó a movilizarse más la cosa.

Luego fuimos al Latin Alternative Music Conference (LAMC) en Nueva York para participar junto a un showcase de PRIMA. Tuve el concierto en el Teatro Francisco Arriví. Después otro en Aguadilla y otro en el Viejo San Juan. Hice el Tiny Desk. Le abrí a Kany García. Acompañé a Gaby Moreno y La Santa Cecilia en California. Y así comenzó a exponerse más todo lo que era el álbum, todo lo que era Andrea Cruz.

El año pasado tuviste la oportunidad de compartir la tarima con Kany García. ¿Cómo se dio eso? ¿Cómo se sintió?

Ese día estaba bien tranquila. Era mi momento de probarme, de ver si de verdad quería esto. Porque recuerda que yo no estudié música, así que no me preparo para un performance. Pero esa adrenalina fue tan diferente y tan buena. Y significó meterme en un espacio en el que muchas personas no conocían de mí ni lo que yo estaba haciendo. Fue bien arriesgado.

Pero fue bien bonito. La gente se paró y celebró frente a mis canciones. Luego tuve la oportunidad de acompañar a Kany y a Lizbeth en tarima. Y fue como: “Okay, esta es la dirección. Eso es lo que quiero hacer”.

De izquiera a derecha: Andrea Cruz, Kany García y Lizbeth Román. Foto por cortesía de la artista.

¿Cómo sientes que has crecido como artista?

Obviamente, todo esto te ubica en un panorama y, en ocasiones, puede meterte cierta presión de expectativas. Pero creo que en el espacio artístico todas son experiencias. Hay unas más grandes, unas más pequeñas. Y todas son importantes.

Para nosotros, incluyendo a la banda, vemos el momento de la tarima como un templo, en donde le mostramos ese respeto y nos damos por completo. Porque si hay gente ahí es porque eso quieren.

Háblanos sobre tu segundo disco. ¿Qué lo inspiró? ¿Cuánto tiempo te ha tomado darle vida?

Es un disco que se forma entre el 2018 y el 2019. Así que está bien acompañado de eventos muy particulares que acontecieron en Puerto Rico para ese momento. Hay algo de 2017 también porque “Echarle Sal” se escribió después del huracán.

El álbum tiene 11 temas, con contrastes muy fuertes. Desde un grito de catarsis expuesto por ese primer tema, “A vuelo de pájaro”, hasta esta cosa romántica, sencilla y sensual que tiene “Altar de los santos” a lo último.

También es muy diverso. “Caminero” es una canción bien contenta, casi como de niños pequeños. Y después tiene canciones como “Nana al aire”, que honra la lucha de Puerto Rico. Valora nuestros procesos, lo que hemos tenido que hacer — eso del Verano 2019 es una muestra al mundo entero. Sacamos un gobernador sin perder una vida. Y millones de personas formaron parte de eso.

Foto cortesía de la artista.

Es que sentir no es del tiempo. Vivir no le corresponde a un momento. Es algo bien eterno.

¿Qué significa el título? ¿Por qué “sentir no es del tiempo”?

Porque en un momento en el que todo quiere ser tan cuadrado, tan lineal y tan instantáneo, romper con eso es un acto revolucionario. Y desde el título lo quería proponer así. La vida no es lineal. Mi proceso no es lineal. El de nadie.

Cuando tomé mis cursos de agroecología, recuerdo un día, mientras desyerbaba, sentirme tan viva tocando la tierra, haciendo algo que lo vemos tan común. Y pensé en eso: “Es que sentir no es del tiempo. Vivir no le corresponde a un momento. Es algo bien eterno”.

Háblanos sobre tu próximo evento virtual, “El Sentir”. ¿Por qué es un concierto-documental y qué implica eso?

Como te comenté anteriormente, los cierres son bien importantes para mí. Porque no se trata solamente sobre mí. Estamos hablando de un equipo que se une, que propone, que saca de su tiempo, que cree. Y que, en fin, no pudimos viajar con el disco. Teníamos 15 fechas. Fue bien duro.

Para este proyecto, ya teníamos la parte de la música, que es lo protagónico. Pero, ¿qué pasa si añadimos lo que no es tan obvio? Y ahí es que se forma esta narrativa, todo este proceso creativo, sobre qué significa y cómo responden todos estos momentos que nos acontecen.

¿Cuál es el mensaje que quieres que la gente se lleve con “El Sentir”?

Dos cosas. Que las personas que ya me siguen sepan que tengo un compromiso incondicional con la música. Y que las personas que se acercan a conocer la trayectoria en el camino sepan la importancia de esta expresión artística.

Hay que defender el valor humano. Hay que defender la belleza. Hay que defender lo que nosotros y nosotras creemos según vamos cuestionando. Y hay que ponerlo a disposición de la comunidad para seguir despertando el colectivo.

¿Qué podemos esperar de ti después del 22 de noviembre?

Creo que un descanso. También me encantaría darle atención a un EP que espero lanzar para marzo. Aparte de eso, estoy escribiendo un poemario. Pero primero me hace falta reponerme.

Para participar de “El Sentir” el 22 de noviembre, visita spyntyx.com.

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